Exposición en LaContra Centre de Creació
Del 20 de octubre al 11 de noviembre de 2017

Anverso postal Monstruos eternos     Reverso postal Monstruos eternos

 

El título, se lo robé a un periodista que describe así a los personajes que fotografiaba Jane Arbus; los locos de los manicomios, la obsesión de una vida.
Hace rato que hablo de mis obras como “monstruitos” (a veces les hablo).
Muchas cosas son monstruitos. Cuando éramos pequeños, mi madre nos llamaba sus monstruitos. Muchos monstruitos por todas partes.
Son seres inquietantes pero tiernos; un poco feos, imperfectos, acaparan nuestra energía, nuestro amor, nuestra frustración también. Son nuestros padres, nuestros hijos, reales o imaginarios, un montón de criaturas conectadas cada una con un cordón umbilical, paridas con prisa.
En esta exposición, la mayoría de los monstruitos son peluches a los que arranqué los ojos y las orejas, y como no era suficiente, los destripé rotundamente y aplasté en un lienzo. Quizá fue un sobresalto de remordimiento lo que finalmente me hizo tejer (en lugar de descoser) con algodón y lana algunos monstruitos con cabeza de elefante u oso hormiguero. Aunque, el gesto siendo demasiado tierno, se tomó rápidamente la decisión de encerrarlos en una jaula. Y ahí, quizá haya que decir que leí mucho a Boris Vian cuando era adolescente.
Ahora, ¿qué hacen estos cientos de huevos en arena rosa? Como el resto, no estoy segura de entender. Siempre puedo explicar que cuando era joven, fui a Bali y me chocó mucho que las playas de los blancos sean blancas y las de los negros, negras. Agreguen el hecho de que hace unos meses miles de huevos Kinder se encallaron en una isla en el Mar del Norte. No dio muchas vueltas en mi cerebro. Pero de ahí a decir que tiene sentido...
Será una presentación un poco absurda. Ni hablar del contenido de la exposición; peluches y huevos. Monstruitos.
Realmente, creo que hace rato que me he convertido en uno de ellos.  Quizá ahí está la clave...

Barcelona, septiembre de 2017